lunes, 11 de junio de 2012
Aunque la economía está atravesando un momento muy difícil, la verdadera crisis de España es la corrupción generalizada en la que estamos atrapados, que nos afecta a todos, comenzando por la clase política. Intentan hacernos creer que como todo depende de la coyuntura internacional, no hay nada que hacer y los máximos responsables de nuestra situación, se van a dar la gran vida con todo lo que se han robado. Procuran confundirnos para manipularnos hábilmente. Utilizan nuestro dinero para dar fuerza a un sistema financiero quebrado, pero los sueldos y las pensiones de los políticos están seguramente a buen recaudo. Algunos políticos llegarán a cobrar dos o tres pensiones cuando por ley, al ciudadano de a pié solo se le permite una. La cuantía de esas pensiones será en algunos casos realmente escandalosa, cuando las demás llevan años limitadas, tanto que a veces no alcanzan ni para comer. Me pregunto dónde estaban los políticos cuando las ganancias de bancos y financieras superaban los límites de lo racional. Dónde estaban cuando se ofrecían hipotecas a personas que carecían de ingresos, sabiendo que no podrían pagar. Socializar las pérdidas y privatizar las ganancias es una inmoralidad.
Son demasiados los que han encontrado en la política un medio para medrar, que ni sus capacidades intelectuales ni sus conocimientos les permitirían como trabajadores comunes. Una vez dentro de la política, aunque sea en la oposición, a ese que conocimos como “el tonto de la clase”, lo encontraremos como jefe de algún negociado y por qué no, hasta de ministro. Hasta ahora, con los apoyos adecuados, se ha podido cobrar un sueldo para trabajar en proyectos peregrinos estilo “la inmortalidad del cangrejo moro” o “la actividad muscular de la pulga asiática” y, si el proyecto es sobre un tema lingüístico, éxito asegurado, ya que se enriquece la diversidad si conseguimos un idioma para cada barrio.
No tenemos solución porque permitimos que nos engañen, nos maltraten y malversen nuestro dinero. No tenemos metas más allá del pequeño éxito personal de cortas miras y lo que no produce dividendos, queda fuera del interés de casi todos. Callamos ante todas las trampas para no señalarnos, porque no es bueno formar parte de los desamparados políticos, esos que no tienen apoyo de ningún partido, porque seguramente no irán muy lejos con sus aspiraciones. La sociedad civil lo consiente todo, procurando evadir lo que le afecta directamente a cada individuo, pero sin importarle lo más mínimo lo que caiga encima del que tiene al lado. Con la conciencia dormida, agazapada, esperando su turno para incorporarse al sistema aunque sea con un cargo pequeño, una larga baja por depresión, jubilación anticipada, invalidez parcial, pensión no contributiva, o cualquier otra fórmula que permita recibir el sueldo en casa, ha dejado que le roben también los valores que le darían fuerza para impedir tantos desmanes, olvidando que para exigir derechos, hay que cumplir deberes.
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