¿Hasta dónde estaría dispuesto a llegar un ser humano con tal de seguir vivo? Parece una pregunta tópica y en innumerables ocasiones se ha tratado con banalidad. Por eso, si algo me pareció interesante de la primera película de la saga Saw, fue que lo planteaba LITERALMENTE: se hacían "necesarias" las dosis de violencia empleadas porque consistía en poner a cada uno de los protagonistas en situaciones extremas pero en las que siempre existía la posibilidad de escapar. El error, como tantas veces, fue repetir el esquema hasta la saciedad sin aportar nada nuevo, y la reflexión a la que llevaba esa primera entrega se desvaneció en las siguientes en favor del talento de los guionistas a la hora de ingeniar pruebas sádicamente sofisticadas, pero poco más. A nuestra indigna sociedad dormida puede parecerle anecdótica la censura por parte del Ministerio de (in)Cultura de la sexta entrega de la serie por ser, según su cuestionable criterio, demasiado violenta. Pero nada más lejos de la realidad; esta supuesta anécdota no es sino un eslabón más de la cadena con la que Papá-Estado nos está inmovilizando y modelando a su antojo, ante la pasividad de las propias víctimas. Gracias, pero no. Déjennos decidir con qué queremos alimentarnos, cómo queremos (sobre)vivir, qué queremos ver, leer y escuchar. Déjennos, al menos, la última libertad que le queda a cada hombre: la de decidir la forma de su propia destrucción. Vivir o morir, tú eliges. Con esta frase culmina el secuestrador la presentación de las pruebas a las que debe enfrentarse cada protagonista. Hasta ellos tienen más capacidad de decisión de la que este sistema nos está dejando a nosotros. Tiempo al tiempo.Gata 2.

!Hola! He intentado varias veces hacer un comentario pero no he podido . Si lo logro con este , mi enhorabuena por el blog.
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